¿Qué significa «Robar la Mente»? A partir del concepto talmúdico GENEIVAT DA’AT, este ensayo desarrolla una nueva Teoría del Engaño desde la Ontología de la Evaluación de la Credibilidad. El Dr. Sergio David Rulicki muestra cómo la manipulación de la comprensión del otro constituye una forma de expropiación de su autonomía y redefine la relación entre mentira, engaño y estafa.
Autor: Dr. Sergio David Rulicki
Audio del Ensayo
En este ensayo analizaremos la formulación Talmúdica GENEIVAT DA’AT con relación a nuestra propia Ontología de la Evaluación de la Credibilidad.
El Profeta Shmuel dijo: “Está prohibido robar el DA’AT de las personas, incluso el de un no judío.” (Talmud, Julín 94ª)
Las traducciones suelen interpretar este pasaje simplemente como “está prohibido engañar”, pero en hebreo-arameo la imagen es mucho más poderosa, ya que refiere a robar la capacidad de comprender una situación. Engañar es equivalente a “Robar la Mente” o “Robar el Entendimiento” dado que DA’AT puede traducirse por: conocimiento, comprensión, conciencia, discernimiento, percepción y saber adquirido a través de la experiencia.
El Talmud es todavía más explícito cuando habla de “siete clases de ladrones” y coloca en primer lugar a quien practica GENEIVAT DA’AT, es decir, a quien induce a otro a formarse una representación falsa. El engañador introduce clandestinamente una representación falsa en la mente ajena y estimula al otro para que piense, sienta o actúe basándose en ella. (Tosefta Bava Kamma 7:3)
El engañador es llamado ladrón porque se apropia ilegítimamente de algo que le pertenece a la víctima, aunque no sea un objeto físico. ¿Qué es exactamente eso que se roba en un engaño? El acceso adecuado a la realidad, la capacidad de evaluar correctamente una situación, la posibilidad de decidir con conocimiento suficiente, la autenticidad del consentimiento y en ocasiones, la gratitud, confianza, admiración o buena voluntad.
Siguiendo la enseñanza talmúdica, Maimónides prohíbe que insistir hipócritamente en invitar a alguien cuando se sabe que no aceptará, ofrecer un regalo sabiendo que será rechazado o abrir “un barril de vino” que de todos modos debía abrirse, pero hacer creer al visitante que fue abierto especialmente en su honor, usar medidas o pesos falsos y adulterar mercancías.
Aunque la víctima no pierda dinero, puede atribuir al engañador una generosidad inexistente y hacer que este experimente una gratitud inmerecida. Este ejemplo es extraordinariamente sutil: también puede robarse el reconocimiento. El engañador obtiene prestigio, gratitud y crédito moral mediante una inversión que nunca realizó.
Aquí aparece una idea central del Modelo CEEC: la GENEIVAT DA’AT puede producirse sin pronunciar una proposición literalmente falsa. El sujeto puede omitir información relevante, organizar la escena para provocar una inferencia equivocada, aprovechar un malentendido, exagerar la apariencia de su sacrificio, aparentar una intención que no posee, presentar selectivamente hechos verdaderos o permitir que el receptor continúe creyendo algo falso cuando esa creencia lo beneficia.
Por lo tanto, la unidad fundamental del Engaño no es solamente el enunciado falso, oculto o tergiversado. Es la producción intencional en el receptor de un estado afectivo-cognitivo que lo lleve al error.
Maimónides lo relaciona con la incongruencia entre interioridad y exterioridad cuando prescribe: “No ser una cosa con la boca y otra con el corazón”. Incluso, extiende la prohibición a emitir “una sola palabra” capaz de engañar.
Engañar es intervenir maliciosamente en el proceso mediante el cual otra persona interpreta la realidad y toma decisiones. El Engaño es una forma de expropiación de la autonomía del otro. Cuando alguien decide basándose en datos falsificados, su decisión continúa siendo formalmente suya, pero ha dejado de ser autónoma. El engañador no necesita obligar físicamente al engañado: controla su conducta manipulando la representación desde la cual el otro decide.
Por eso la metáfora del Robo de la Mente resulta tan exacta. El engañador se apropia de la facultad deliberativa del otro. Hace que la víctima piense en función de las premisas que él ha falseado, ocultado o tergiversado.
Mientras que la violencia obliga a la víctima a actuar contra su voluntad, el engañador consigue que la víctima actúe voluntariamente contra sus propios intereses, porque previamente se ha apropiado de su capacidad para comprender la situación.
Esto encaja con nuestra diferenciación entre Mentira (UNAME), Engaño y Estafa, y permite agregarle una distinción más a nuestro Modelo CEEC.
1. Mentira (UNAME)
La Mentira es la Unidad de Acción Narrativa Mínima del Engaño: una afirmación falsa, un ocultamiento o una maniobra de tergiversación.
2. Engaño
El Engaño es la operación afectivo-cognitiva deliberada mediante la cual esas unidades (UNAMEs) producen y/o mantienen en el receptor una representación falsa de la realidad. La GENEIVAT DA’AT describe principalmente el efecto relacional y epistemológico del Engaño: la apropiación ilegítima de la capacidad del receptor para comprender, evaluar y decidir sobre la base de una realidad no adulterada por intereses ajenos.
3. Estafa
La Estafa aparece cuando el engañador explota esa realidad adulterada para obtener un beneficio inmerecido o evitar un perjuicio debido, consumando así la traición a la confianza.
La secuencia de nuestro Modelo CEEC podría representarse de este modo:
MENTIRA (UNAME) → CONSTRUCCIÓN DEL ENGAÑO = ROBO DEL DA’AT → ESTAFA
No toda GENEIVAT DA’AT culmina necesariamente en una Estafa Económica. Puede apropiarse de afecto, obediencia, reputación, consentimiento, admiración, voto, adhesión ideológica o perdón. Pero toda Estafa requiere una captura previa del DA’AT de la víctima. Esta es conducida a interpretar incorrectamente aquello que está aceptando.
Nuestra definición CEEC
El Engaño es una operación afectivo-cognitiva de intervención maliciosa sobre el DA’AT del receptor, mediante la cual el emisor falsea, oculta o tergiversa elementos relevantes de la realidad con el propósito de inducir una representación errónea que altere la evaluación, el consentimiento y/o la decisión de la víctima.
ENGAÑAR ES EXPROPIAR AL OTRO DE LA VERDAD QUE NECESITA PARA EJERCER PLENAMENTE SU LIBERTAD
Esto convierte a la Verdad no sólo en una correspondencia entre enunciados y hechos, sino en una condición de la autonomía personal. Desde esta perspectiva, el Engaño es una transgresión semiótica que constituye una forma de dominación. El ladrón material se apropia de lo que el otro posee; el ladrón del DA’AT se apropia de la facultad mediante la cual esa persona protege todo lo demás.